Fumar es perjudicial para la salud.
Desde que soy niño lo llevan escrito las cajetillas de cigarros y porque a veces el tiempo es sólo un modo de insistencia, con los años fueron haciendo el cartel más grande hasta ilustrar la advertencia con imágenes de las más morbosas consecuencias que el consumo excesivo de tabaco puede dejar en un cuerpo humano. Todavía me impresionan esos pulmones secos y exprimidos, doy vuelta al paquete.
Respirar/yo sueño con bosques mientras hombres y mujeres le ordenan a otros hombres y mujeres poner en conocimiento a la población sobre los riesgos de fumar, si, yo pienso en los bosques, yo sueño que pienso, yo pienso demasiado, yo cuento árboles cayendo, uno por cinco, tres por ocho, ¿cuántos árboles se necesitaron para hacer las cajas dónde van los cigarrillos?; ¿cuántos árboles para hacer el papel que atrapa el tabaco?, y el petróleo para la nafta de los camiones, la tinta que reza fumar es perjudicial/Yo me he puesto.
Suena el timbre. Me interrumpe, no es una sorpresa. Llega Isabel. Viene tres veces por semana y es eso que a los burgueses nos cuesta tanto definir, ¿empleada?, ¿servicio de limpieza?, ¿mucama?, ¿chica que me ayuda? ¿secretaria doméstica?. Definitivamente, la taxonomía es una de las formas más útiles y secretas de no mirar un objeto.
— ¿Te levantaste hace mucho?
— No. Y se nota.
— Un poco. ¿Qué puedo hacer hoy?
— El baño, mi habitación y planchar algunas camisas.
— ¿Vas a salir?
— Probablemente.
— ¿Te dejo alguna comida preparada?
— No fui al supermercado todavía.
— Está bien.
Será una victoria ir al supermercado hoy, o mañana. Mientras las tabacaleras calman las hambres de millones de personas y el Estado les avisa que eso que los sustenta es perjudicial para la salud de sus pares -de ellos mismos nosotros-, los camiones zarpan a todas las bocas de expendio. Se encienden las chimeneas de nuestra Industria Nacional, caen los árboles/Respirar es perjudicial para la salud.
Isabel se fue deseándome una buena tarde, yo le dije gracias; nunca fui al supermercado. Enciendo un cigarrillo, me encanta fumar cuando todo está a oscuras, pienso que demasiado y sueño que pienso en todas las veces que digo Yo, que digo Qué. Me gustaría coger con una puta pero tendría que ir primero al banco, ¿a cuánto está el supermercado del banco?, a cada pitada que doy veo una porción sombría del mundo y luego desaparece. Imagino si fuéramos naturalmente ciegos y la única posibilidad de ver se diera a través de la luz proyectada por los cigarrillos que fumamos -imagíneselo usted también-, los paquetes de cigarrillo llevarían escrito Mirar es perjudicial para la salud/
Me levanto de repente. Enciendo la luz. Estoy vestido y tengo hambre, no sé bien cuál. Salgo de la casa, camino en linea recta con las manos en los bolsillos. Las personas duermen con la calma de ser leños sin raíz, camino en línea recta con el desastre de saber que no somos ni los leños ni el bosque, somos la jodida gasolina. Yo lo sé, y no hago mucho más que ellos; exhibo la conciencia con el mismo orgullo que una puta deja un puñal en el fondo de la cartera. Quiero coger con una puta, robarle el puñal, usarlo de "espejito, espejito", sonreír/decir que lindos ojos, me gustaría tener unos como esos.
Llego. Cuando el sol se va los humanos ponen entre rejas lo que consideran importante en sus vidas. Acaricio los barrotes del supermercado, me gusta la noche porque todo lo que yo amo está sin llave o tirado en el suelo.
Tengo hambre.
Voy al banco.
Más perjudicial es ir al banco y ver que lo que hay en el cajero no alcanza para pagar nada. Entonces es cuando se necesita llevar humo a los pulmones. Fumar es un daño colateral, ja.
ResponderEliminarSaludos
Excelente. Se van juntando las sensaciones a medida que se avanza. Veo en tu perfil que solo tienes un blog, pero creía que tenías algún otro, pues, las lecturas de la frutilla...
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