domingo, 26 de octubre de 2014

1025

El número solicitado no corresponde a un abon

No, no soy cínico. ni mucho menos nihilista, al cabo del día -de cualquiera de los días- creo en tantas cosas que me da miedo abrir los ojos de mis ojos abiertos y verme en la encrucijada de inventar una oración para cada uno de los mundos surgidos a mi paso.

Yo creo. Mi suspiro es un séptimo día.

Telecom le informa que el cliente solici

Para crear hay que creer, me dijo en Santa Rosa uno de esos viejos hermosos que leen a Bustriazo antes de irse a dormir con la muerte fumando en su patio y la misma mujer que nunca los deja de no estar.
Camino por la casa bajo el despropósito de estar triste bajo un techo de zinc, con la calefacción en mínimo y un pollo para recalentar mañana al mediodía. Debería terminar de escribir esa Carta abierta a los tristes. Decirles que ya está bien de morderse los labios, tenemos razón pero hagamos otra cosa que ya estamos aburriendo a la vida; escribamos mal, muy mal.

Tu-Tu-Tu-Tu-Tu-Tu-Tu

No, no soy cínico. Digo, si pensar -aunque mas no sea por costumbre- que la propia palabra es necesaria en el mundo, no es en sí mismo un acto de cinismo. Escribamos muy mal, perdón/Los humanos somos un elefante en una cristalería, adónde nos movamos pondremos en penumbras alguna galaxia, sólo con el rozar de nuestra sombra. Quedarnos quietos, escuchar el viento y no hacer nada. Karma occidental.

Escribir, por más vergüenza que nos de, es un acto de fe. Si, hasta mis maestras de primaria, tortugas cafeteras y frígidas, cada vez que trazaban sobre el pizarrón la letra A, establecían entre el aula y el mundo un suceso de fe. No, yo no soy cínico, pero mi fe si. Me tiene escribiendo hace años, hasta hacer la madrugada y caminar la casa con Dios entre los brazos; pobre niño asustado, lo quiero abrazar, besarle la frente, acunarlo en mis brazos. Yo te perdono, no hacéis lo que sabéis.

Tú-Tú-Tú-Tú-Tú-Tú-Tú

Mis madres sólo preguntaban:

— ¿Juan, tenés frío?
— ¿Juan, tenés hambre?
— ¿Juan, querés recostarte?

Creo que son las únicas preguntas que uno debiera responderse con claridad. Lo demás un tipo escribiendo que va caminando por su casa bajo el despropósito/Lo que no se responde es gerundio, fe cínica de mal, muy escribir.

Karma occidental. No sé cuándo metí mis cosas en una valija, escribí en una hoja el nombre de un país al que nunca voy a ir, descolgué el teléfono, pegué la hoja con cinta en la valija cerrada y guardé todo bajo la cama/quedarse quieto, escuchar el viento no hacer nada. Amar a esos viejos hermosos de mierda que leen a Bustriazo antes de irse, y con sus ronquidos no dejan dormir a nadie en toda la ciudad.